Irma y María asomaron su ojo al país y soplaron destrucción a su paso

Tras el paso de los huracanes Irma y María próximo al territorio nacional, era común la frase viralizada “corre Beato” junto a la imagen de un camarógrafo con impermeable amarillo que lucía casi indiferente a las olas engrandecidas del Atlántico.

Pero la imagen que capta uno de los momentos en que Irma, con su furia, azotaba los pueblos del norte, para seguir luego su paso por las Antillas, no se acerca a representar la magnitud de la destrucción que dejaron esos fenómenos naturales.

La amenaza de su paso obligó a declarar todo el país en alerta, pero ello no evitó que unas seis personas perdieran la vida por sus efectos. Casas derribadas por vientos o deslizamientos de tierra, familias desplazadas por varias semanas y carreteras y puentes destruidos pintaron el panorama entre los dominicanos, que a la fecha cargan todavía con la deuda y el costo millonario de mitigar sus desastres.

Primero fue Irma, que el 7 de septiembre asomó su ojo a una distancia de 150 kilómetros de la costa de Samaná, convertido en huracán de categoría 5 y vientos de 290 kilómetros por hora, y forzó al Gobierno a suspender todas las actividades.

Una semana después, María, que junto a Irma formó el dúo de los huracanes más intensos del año, alcanzando ambos la categoría 5, se acercó a unos 90 kilómetros de la costa de Puerto Plata con categoría 4, provocando graves daños en esa provincia que ya había sido devastada por las constantes lluvias ocurridas en esa zona entre marzo y abril de este año.

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