Un año de la Marcha Verde: a pulso más pausado

SANTO DOMINGO. A un año de iniciar el movimiento de la Marcha Verde, que lleva como bandera la lucha contra la corrupción y la impunidad, su pulso de convocatoria parece ir más pausado. La concentración convocada para este domingo en las inmediaciones del Palacio Nacional, 371 días después de su primer impulso, reiteró sus reclamos contra el actual gobierno y sumó otros, pero probablemente no alcanzó las expectativas de asistencia.

No obstante de esta inevitable comparación, la manifestación mantuvo el mismo ambiente diverso, festivo y organizado que ha sido su marca, reafirmando el protagonismo de los movimientos sociales y dejando en la sombra a los políticos.

El ritmo de los tambores, los pitos de las vuvuzelas, letreros, consignas, coros y arengas fue el sello distintivo de la protesta que congregó grupos estudiantiles, sociales, provinciales y barriales que evitaron identificarse visualmente, aunque se observaron banderas del Frente Estudiantil de Liberación Amín Abel (Felabel), una ambulancia de la fundación del comunicador Salvador Holguín y una camioneta con un tanque pintado de verde donde se leía “Elpido Infante, presidente”.

Ni frente ni detrás del Palacio Nacional

Alrededor de las 9:40 de la mañana, veinte minutos antes de la hora pautada para la manifestación, la intersección de las avenidas 30 de Marzo con 27 de Febrero era el acceso más concurrido a las inmediaciones del Palacio Nacional.

En cada extremo se concentraron grupos, mostrando letreros en que se observaba el rostro del presidente dominicano Danilo Medina y de un nuevo protagonista de la Marcha Verde: el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, cuya reelección ha sido cuestionada por denuncias de fraude.

Narciso Isa Conde, dirigente del Movimiento Caamañista, es el rostro identificable en ese lugar. Recibía a los que llegaban y que tomaban la avenida 30 de Marzo en dirección sur, hacia la tarima colocada en el extremo izquierdo del Palacio Nacional, en el parque Sagrado Corazón.

“¡El batallón, pero el miedo es libre!”, dice un hombre que ondea una bandera color verde al observar la línea de agentes policiales y militares, colocados detrás de una barrera de metal, y que se extendía a todo lo ancho de la avenida México en su intersección con la 30 de Marzo.

La escena, de los agentes y las barreras, se repetía en las demás calles y avenidas que dan acceso a la sede de gobierno, como la Doctor Delgado, la Pedro Henríquez Ureña, la Moisés García, la Doctor Báez y la Luisa Ozema Pellerano.

“Ustedes trabajando para esos vagos”, “Cuidando esa cueva de corruptos”, “Ustedes ganando cheles para proteger esos ladrones”. Eran algunas de las frases que varios manifestantes les dirigían a los policías y militares que custodiaban los bloqueos. Tras las barreras, silencio.

Pocos minutos antes de las 10:00 de la mañana se observan grupos pequeños de personas que se aglomeraban en las cercanías de la tarima. Los vendedores de comidas, bebidas, helados y de distintivos de la Marcha Verde se acomodaban en los lugares que consideran convenientes.

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