Y Santiago Rodríguez, ¿pa´ cuándo?



Por Néstor Estévez.

Con alta frecuencia escuchamos quejas de comunidades que dicen ser olvidadas por los gobiernos y estar sumidas en la marginalidad. La realidad de esas demarcaciones suele ir desde las pésimas condiciones de su economía, con sus consecuentes índices de pobreza, hasta la referencia de largas listas de obras por las que se suele clamar.

Como de costumbre, los opositores suelen echar la culpa al “gobierno indolente”, mientras que autoridades y acólitos se manejan entre la “obligación de comprender que los recursos son pocos y las necesidades muchas” y los famosos trámites para que el “papá gobierno” nos incluya en el presupuesto del año que viene.

¿Qué hacer ante semejante dilema? ¿Qué les queda a provincias como Santiago Rodríguez (la tercera más perjudicada a nivel nacional en el proyecto de presupuesto para el año 2019)?

Desde hace mucho tiempo hemos venido planteando la necesidad de trabajar nuestra marca provincia. Hemos insistido hasta la saciedad en la pertinencia de esclarecer la visión, buscar consenso y poner manos a la obra. Pero en Santiago Rodríguez parece que no pasa nada.

Mientras en San José de las Matas celebran con rotundo éxito el primer festival cultural del casabe (producto del que nuestra provincia tiene la capital), con la asistencia de miles visitantes, Santiago Rodríguez sigue sembrando yuca.

Mientras, a escasísima distancia de nuestra provincia, en la comunidad de Hato del Medio, perteneciente al distrito municipal de Villa Elisa, municipio Guayubín, provincia Montecristi, autoridades y sector privado unen sus esfuerzos para realizar la sexta Feria del Chivo Liniero, Santiago Rodríguez sigue vendiendo leche.

¿De qué nos sirve haber logrado una participación brillante en el Quinto Festival Gastronómico de la Leche, en Higüey, si no le damos seguimiento?

Lo real es que, en tiempos de globalización y tanto desarrollo tecnológico, solo las demarcaciones que construyan y desarrollen de forma consciente y profesional una marca territorio, logran superar el anonimato que va sumiendo en el olvido y el abandono a tantas comunidades. 

Santiago Rodríguez tiene dos caminos: O sigue teniendo como referente a Macondo (quizás sin la suerte de que un García Márquez la popularice), o emprende la ruta marcada por Hato del Medio, SAJOMA, Higüey y otras muchas demarcaciones en donde han descubierto la utilidad de trabajar su marca territorio. 

En esos lugares parece que van logrando sacar provecho de lo que Joan Costa (prestigioso comunicólogo y catedrático español) ha definido como “herramienta activa del marketing y de la comunicación y al mismo tiempo una herramienta estratégica, independiente del producto mismo, pero más efectiva”, al referirse a la marca territorio.

Definitivamente, o seguimos a la espera de lo que nunca llega o tomamos en nuestras manos el destino de una provincia con tantas necesidades como potenciales para lograr bienestar y felicidad.

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