Amores imperiales


Por Narciso Isa Conde

En el 55 aniversario de la Revolución de Abril de 1965 y la invasión de EE.UU.

Amores imperiales.  

Amores de élites insensibles.

Vienen de atrás…de muy lejos…

De tiempos remotos, de conquista y coloniaje… tutumpotes y jorocones.

 Vienen de invasiones y agresiones.

Amores con pandemias… tifus y tisis, peste y cólera…vienen con drogas y con Covid.

Nos invaden tiernamente por la paz.

Adora el capital la fuerza de trabajo que emana plusvalía.

 Adora al pueblo tirado a la deriva.

Saborea el jugo de sus ganancias que brota del sudor de nuestra gente… del oro de nuestras entrañas y el níquel de las montañas…

Nos dedican campañas y cruzadas cariñosas, enormes volúmenes de papel  y montones de discursos.

Nos multiplican y desarrollan en pobreza con crecimiento.

 Nos profesan un cariño especial como votantes.

Nos aman sus verdugos para graduarse de filántropos. 

Nos llaman afectuosamente “marginales” porque no aparecemos en sus nominas…

Nos califican  de “carenciados” para no llamarnos miserables.

¡Su terneza es proverbial!

Nos niegan cortésmente el derecho a vivir en salud.

Cuidan en sus bóvedas nuestros fondos de pensiones con especial esmero.

 Nos entrenan para vivir en casas inhabitables, y montarnos en “voladoras”...

Nos reparten sabrosuras en funditas y cajitas.

 Nos enseñan la ignorancia y nos educan para chiripear y ejercer el derecho al micro-trafico.

Convierten a nuestros jóvenes en NINI.

A nuestras mujeres en propiedad masculina y trabajadoras sin salario.

Nos adoran para explotarnos y saquearnos.

Nos matan a puros besos y abrazos.

Disfrutan infinitamente,  allá y acá, su amor apasionado.

No pueden vivir felices sin nosotros y  nosotras.

Ni  aquellos en sus predios imperiales, ni estos en su “patio trasero”.

Solo… que por momentos sobramos, y para  obligarnos suavemente a alejarnos de una isla y un mundo  a punto de estallar, tienen sus COVID destinados a llevarnos al Paraíso Celestial.

Otra manera de adorarnos en tiempos difíciles.

Otra manera de profesarnos un amor sumamente especial.

 Amor sublime del capital en tiempo de pandemia.

Amor con humores para indignar multitudes y  romper cadenas.

 ¡Como en aquel abril! 

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