¡Dominicanos reflexionemos!


En un abrir y cerrar de ojos todo puede cambiar. Los hospitales y las clínicas han colapsado, estamos limitados a salir a las calles y la histeria social se desata. 

Agotamos la existencia de mascarillas, los supermercados se vacían y las noticias falsas crecen como la espuma. Pero de pronto, nos damos cuenta que echamos de menos lo que de verdad nos han arrebatado: el contacto real. 

Así empieza la emocionante situación sobre los días de confinamiento que está viviendo la República Dominicana durante la pandemia del Coronavirus. 

Al principio mirábamos este virus con recelo, sin darnos cuenta de que era una oportunidad para parar, pero parar de verdad. 

De manera súbita nos hemos encontrado que somos tremendamente vulnerables y frágiles. Que, a pesar de haber construidos grandes obras y tener los vehículos de lujos que jamás hubiéramos imaginado tener, resulta paradójico e inquietante que una microscópica partícula inteligente, nos ponga junto a las cuerdas y al borde del pánico. 

La llegada del coronavirus a nuestras vidas está poniendo en evidencia la vulnerabilidad de nuestra sociedad, no solo en los aspectos físicos que tienen que ver con la enfermedad, sino también con los valores esenciales que compartimos como seres humanos. Seguramente, después de lo que estamos viviendo, tendremos que desarrollar nuevos modos y modas. Reencontrarnos con valores como la solidaridad, la responsabilidad por los otros, la sensibilidad y el cuidado de esta pequeña parte del Universo.

Pero recuerda que esta crisis pasará, ¡por qué pasará!, Y ojalá lo que quede nos haga más humildes y conectados con los valores esenciales que llevamos dentro. 

El virus se quedará con nosotros. Puede que nos sirva, en el futuro, para recordarnos nuestra fragilidad y que, más allá del susto por lo que podemos perder, sepamos agradecer todo lo que tenemos para disfrutar.

Autora: Raydina Lora 

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