Reestructuración ultra neoliberal


Por Narciso Isa Conde

La actual “racionalidad” capitalista asume como mercancías para generar ganancias a seres humanos, salud, medio ambiente, educación, alimentación, seguridad social y ciudadana; y a la mujer y la política, en grados extremos.

En las últimas décadas, además, EE.UU ha ejecutado todo tipo de guerra sucia: económica, militar, cibernética, química, bacteriológica, viral; “pentagonizando” y “gansterizando” su política exterior.

Surgen así justificadas sospechas de que la actual pandemia pudo ser inducida para precipitar una situación desastrosa, sin que las cúpulas gobernantes de las superpotencias capitalistas y los magnates del gran capital privado transnacional aparezcan como responsables directos de una enorme depresión económica, que se estaba gestando antes de que el COVID 19 irrumpiera en China.

Pero, inducida o no, está pandemia se presta para encubrir las causas fundamentales de la prolongada crisis de decadencia del sistema capitalista mundial; y, evidentemente, está siendo utilizada para imponer una cruel reestructuración del sistema imperialista, destinada a dilatar su período de decadencia, potenciar el predominio de las fuerzas supranacionales del capitalismo occidental, liquidar definitivamente los Estado-Nación colonizados y apuntalar la supremacía global del patrón de acumulación micro-electrónico-informático-cibernético en las cadenas de producción, servicios y distribución.

Esta nueva reestructuración persigue a la vez imponer -bajo la sombrilla de esta tenebrosa crisis de salud- un reordenamiento de las relaciones capital-trabajo, que volcaría el costo de la gran depresión en curso sobre las fuerzas mundiales del trabajo asalariado e informal y las empresas medianas, pequeñas y micro; sin que los mega-millonarios del mundo aparezcan como culpables.

Junto a un desempleo brutal están ya en marcha nuevas modalidades de organización empresarial y contratación de la fuerza de trabajo, incluso tele-trabajo hogareño, las que descargan sobre numerosas familias trabajadoras elevados costos de infraestructuras físicas, seguridad, servicios electricidad, agua, alimentación e internet.

Incluye procesos tecnológicos que reducirían más aun el tiempo de trabajo necesario, incrementando la “masa laboral sobrante” e implantando esquemas militaristas en producción y servicios apoyados en renovaciones cibernéticas.

Como la crisis de salud se combina con las demás, los Bill Gates -previo control financiero de la OMS y asociados a grandes laboratorios farmacéuticos- están abriendo paso a un sistema mundial de salud militarizado y controlado por el capital privado transnacional.

Esa “racionalidad” capitalista globalizadora incursiona en la esfera del control militar de la población auxiliada por tecnologías de última generación aplicadas al espionaje sofisticado, acopio de data, vigilancia electrónica y sistemas satelitales. A eso responde el C5-I, mientras el préstamo de 650 millones del FMI comienza amarrar al país dominicano a esa cruel restructuración ultra-neoliberal

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