Hacia el verdadero cambio



Por Jovino Núñez

Concluido el proceso electoral, con la elección de un nuevo presidente a instalarse el próximo 16 de agosto, se impone a las fuerzas revolucionarias, de izquierda, progresistas, o como se les quiera llamar, la necesidad de trabajar para el verdadero cambio.

En las pasadas elecciones más de un 53% de los votantes sufragó en contra del partido de gobierno hastiado de las atrocidades cometidas en sus respectivos mandatos, (1996-2000 y 2004-2020). 

Los más optimistas de estos lo hicieron esperanzados en un cambio real, que solo los revolucionarios podríamos garantizar, no porque sean tareas propias de una revolución, sino por el atraso de nuestra burguesía y la indisposición (bajo nivel de conciencia) de los empobrecidos para luchar.

Dadas la correlación de fuerza existente en el país, caracterizada por un elevado nivel del pensamiento conservador, nuestras aspiraciones no rebasan aquellas enmarcadas dentro de las estructuras del actual sistema.

Así podríamos mencionar, por ejemplo, el fin de la impunidad y la corrupción, respeto a la institucionalidad, cambio del modelo económico neoliberal, defensa de la soberanía nacional, libertad sindical y política para los trabajadores, desaparición de la autocracia y su base de sustentación: la propiedad terrateniente.

Como bien se puede apreciar, lo planteado no implica, en modo alguno, una rotura con el modo de producción capitalista, que, no ocultamos, constituye nuestra máxima aspiración.

  • Justificación de nuestras propuestas

Impunidad y corrupción

La impunidad impide que funcionarios corruptos sean sometidos a la justicia y paguen por los delitos cometidos. Esto envuelve otras problemáticas de relevante importancia, siendo la económica la más notoria. En nuestro país se estima que este flagelo se lleva cada año unos RD$ 30,000 millones, casi tres veces lo presupuestado para este año al Ministerio de Agricultura.

La corrupción incide de manera directa en el empobrecimiento de la gente, pues a medida que el presupuesto de las instituciones públicas se reduce, como consecuencia del dolo, los servicios que estas ofrecen se hacen cada vez más deficientes. Así, por ejemplo, muchos ciudadanos se ven obligados a utilizar centros clínicos privados en vez de acudir a los hospitales, enviar sus hijos al colegio y no a la escuela pública, construir una cisterna, comprar bombas impulsoras de agua (ladronas), inversores, plantas eléctricas, pagar seguridad, utilizar su propio transporte…porque los servicios públicos, por los cuales pagan, a través de los impuestos, no funcionan.

Institucionalidad

La institucionalidad implica respeto por las normas que rigen a una determinada institución sin que sus funcionarios y empleados busquen ajustar las mismas a conveniencias suyas. El favoritismo, el enllavismo, la politiquería y otros males asociados a estos tienden a romper con la institucionalidad y a convertirse estas negativas acciones en modalidades de la corrupción.

Modelo económico neoliberal

El neoliberalismo plantea la eliminación de todos tipos de barreras arancelarias, es decir, dejar pasar libre de impuestos, tanto mercancías como capitales y flujos financieros provenientes de otras naciones.

Esta corriente económica se opone a la intervención del Estado en lo relacionado con la economía. De igual manera favorece la eliminación de las ayudas sociales, los susidios y la desaparición o debilitamiento de los sindicatos de trabajadores. Plantea también la privatización de las empresas e instituciones de servicios estatales.

Para el neoliberalismo la economía ha de colocarse por encima de las demás actividades de la vida de una nación. Favorece el incremento de los impuestos al consumo y disminución de los relacionados con los de la producción.

Como vemos, es un modelo económico inhumano, que para nada le interesa la suerte de los trabajadores, al plantear la desintegración de los sindicatos, ni la de los pobres, al entender que deben eliminarse las ayudas sociales.

Este modelo es al mismo tiempo destructor del aparato productivo de los países subdesarrollados, al tener estos que competir con naciones que les llevan siglos de adelantos tecnológicos. De manera, que solo a las grandes naciones les favorece.

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